El mutismo selectivo

El mutismo selectivo aparece generalmente en menores. El niño manifiesta una incapacidad de hablar en situaciones específicas y con personas determinadas. Esta alteración perjudica a nivel escolar, social, laboral o familiar.

El mutismo puede derivar con los años si no es solucionado en una fobia social o un trastorno de personalidad por evitación. Es importante intervenir para eliminar el problema que normalmente no desaparece de forma espontánea. Además provoca en la persona alto sufrimiento emocional y puede afectar al desarrollo afectivo, social, personal y académico. Les impide la comunicación y participar en actividades lúdicas en las que se necesite el lenguaje verbal. Además tampoco pueden solicitar ayuda, ni realizar muchas actividades académicas con lo que interfiere en el aprendizaje. En muchos casos su forma de comunicación son los gestos o mensajes escritos para poder comunicarse.

Se diferencia de la timidez, en que un niño tímido puede retraerse al hablar pero con el paso del tiempo, en un mes puede iniciar conversación. Sin embargo en el mutismo no es así, además experimentan una alta ansiedad en estas situaciones que les lleva a evitar la interacción social. Estar callado es su respuesta ante la tensión que sienten para regularse emocionalmente. La intencionalidad no es molestar a los demás sino mejorar su malestar emocional en estas situaciones.

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